sábado, 2 de junio de 2012

Levante de 3 heteros en la calle (parte 2)

Estacionamos frente a una casa. Sabía que no tenía que preguntar nada. Me habían inspirado confianza pero me mantuve alerta por si había algo raro.
Era un pasillo al fondo. Entramos. Era un depto chiquito, de 1 ambiente y chico. Había varios otros deptos alrededor por lo que me sentí más tranquilo aún.
El dueño parecía ser Rodrigo, el más grande de unos 25 años, el casado, porque era el que conocía dónde estaban las cosas. Ernesto también parecía conocerlo aunque su actitud era distinta. Como que conocía el lugar de haber estado en alguna oportunidad.
El depto tenía una cama de dos plazas, un televisor cerca, una mesa con 4 sillas, una kichinette y el baño.
Rodrigo prende la tele y pone un video. Era una porno. La película era con dos minas que tenían sexo entre ellas. Ernesto y Mariano se sientan a la mesa y entonces, yo me siento también.
Ernesto: Pero, ¿qué hacés, puto? Tomátelas. Sentate en la cama. En este peli hay concha y tetas.
Cumplí con lo que me dijo. Desde la cama, no podía ver la tele.
Rodrigo preparaba unos tragos.
Ernesto y Mariano comentaban la película. Rodrigo se enganchaba desde la cocina.
Cuando terminó de preparar los tragos, los llevó a la mesa y se sentó ahí.
A mi no me dieron nada. Ni me preguntaron. Es más, durante 15 minutos no me dieron ni bola. Tomaban y se cagaban de risa comentando la película.
Yo me re-excitaba con la escena. Tres machos en una actitud muy primitiva.
De golpe, Rodrigo se saca la camisa. Quedó en torso desnudo, que era bastante peludo y muy bien formado. Rodrigo era fornido, tenía aire de rugbier. Mediría 1,80 y pesaría 90 pero no tenía nada de panza.
Rodrigo: yo ya me calenté, boludo.
Ernesto: ¿y para qué trajimos al puto?
Rodrigo se levanta, se me acerca y me dice:
Rodrigo: ahora me vas a chupar bien la poronga, puto de mierda.
Se me pone delante, de torso desnudo.
Le manoseo el bulto y después le acaricio los pelos de la panza.
Cuando estoy haciendo eso, me saca la mano con cierta violencia.
Rodrigo: Pero, ¿qué te pensás que soy? ¿Uno de los gays que te cogen? Acá no hay previa. Chupame la verga.
Rodrigo se abre el cinturón, se desabrocha el jean y lo baja hasta las rodillas. Tenia un bóxer blanco y la pija se le notaba dura, volcada a la derecha. Parecía gordita.
Se baja el bóxer y deja al aire una buena verga. 17 x 6, estimé. Bien gordita y medio doblada. Sus bolas eran más bien grandes y bastante colgantes. Todo rodeado de mucho vello.


Me arrodillé y empecé a mamársela con mucho entusiasmo. Él se echaba hacia atrás para ver la película.
Rodrigo era muy viril en su aspecto pero además tenía una virtud que valoro mucho: se hacía chupar muy bien la pija.
Sus manos estaban en la cintura. Miraba la película y, cada tanto me miraba a mí. Era poco expresivo pero yo estaba seguro de que le gustaba.
Mariano le comenta a Ernesto: ¡cómo le gusta la pija al puto éste, boludo!
Ernesto: ¿Te la está chupando bien?
Rodrigo: sí, buen mamador el trolo.
En ese momento, me agarra la cabeza y me empieza a bombear la boca. Después se queda quieto, con su verga enteramente metida en mi boca y me tira del pelo para que lo mire.
Rodrigo: te gusta la verga, maricón, eh
Le hago un gesto asintiendo.
Saca su verga de mi boca y me da varios pijazos en la cara.
Me vuelve a hacerla chupar.
Poco después empiezo a saborear sus hermosas bolas, acariciar sus vellos genitales (se dejó sin problemas)
Yo: qué hermosas pelotas tenés papi
Rodrigo: ah, ¿te gustan? Y cómo no te van a gustar si sos marica?
Yo: sí, pero éstas son pelotas de macho
Rodrigo: sí, claro. Pero hablá menos y mamá más.
Me ocupo de seguir mamando a ese hermoso macho.
De repente, suena un celular. Ninguno está cerca de él.
Ernesto: uy, el mío.
Se acerca y lo agarra.
Ernesto: mi novia, la concha de la lora. No hagan ruido.
Se va al baño, cierra la puerta y atiende. Al minuto sale, aceleradísimo y dice.
Ernesto: le dije que estaba en tu casa (a Mariano) e hice que se cortó. Ahora la llamo. Pasame al puto, que me la mame mientras hablo.
Yo estaba con la pija de Rodrigo en mi boca. Ernesto me agarra de los pelos.
Ernesto: puto de mierda, mamame la verga mientras hablo. ¿Entendiste?
Yo: sí
Ernesto: si llegás a hacer algún ruido, te muelo a palos, la puta que te parió.
Rodrigo y Mariano se ríen y se van a sentar a la mesa.
Ernesto: Y ustedes no boludeen.
Ernesto se saca toda la ropa rápidamente.
Era un pendejo hermoso tal como pintaba. Unos 19 o 20 años, el más chico de los tres, menudito, alrededor de 1,70 y no pesaría más de 65 kg. Blanquito, de pelo negro, todo su torso era peludo pero no tanto como Rodrigo. Las piernas peludas y flacas.
Se sienta en la cama, con la pija semi-erecta y llama a la novia. Simultáneamente me hace gestos para que me acerque y me hace arrodillar delante de él.
Ernesto empieza a hablar con la novia y yo a mamar su verga que empieza a crecer.

Le dice a la novia que está con Mariano y Rodrigo y de a poco se empieza a poner mimoso con ella.
La situación me entusiasma mucho. Mamo su verga con delicadeza para no hacer ruido pero con intensidad.
Al escuchar la conversación, deduzco que ella no está en Buenos Aires, que está lejos. Él le dice que la extraña, que quiere estar con ella, que ya son muchos días, etc.
Mientras, se echa un poco hacia atrás y apoya en la cama la mano que no sostiene el celular para poder bombearme la boca. Su pija a pleno era de 18 x 4.
El pibe está realmente caliente y gozando de la situación aunque con ella lo disimula un poco



Ernesto: mi amor, te deseo tanto, pero tanto. Escuchame princesa, me voy a una habitación que esté solo y nos amamos aunque sea a la distancia. ¿Corto y te llamo?
Parece que ella dijo que sí. Yo no entendía nada.
Ernesto corta, se levanta y casi desesperado, dice:
Ernesto: puto de mierda te voy a culear mientras hablo con ella. ¿Ok?
Me agarra de los pelos y me lleva a la mesa.
Rodrigo y Mariano se ríen y se apartan. Se sientan en la cama. Ernesto tira de un manotazo todo lo que había sobre la mesa. Se siente que los tres vasos se rompen en el suelo.
Rodrigo: ¡pará, loco!
Ernesto: te compro una docena. Traeme la toalla del baño.
Rodrigo: ¿para qué?
Ernesto (grita): dale boludo, apurate.
Me echa sobre la mesa. Quedo recostado sobre ella.
Rodrigo le acerca la toalla. Ernesto le hace un doblez y con ella, me tapa la boca, atándome en la nuca.
Me agarra de los pelos, me levanta la cabeza y pone su cara delante de la mía.
Ernesto: escuchame maricón, puto, invertido, trolo. Te voy a culear mientras hablo. Si llegás a gemir o a hacer algún ruido, te voy a desfigurar la cara a trompadas y todos esos vidrios que están el suelo te los voy a meter en el culo asi nunca más te pueden coger.
Yo asentí con un gesto.
Ernesto: ojo con lo que hacés culo roto.
Yo estaba en el paraíso. Acomodé mi colita para que pudiera metérmela sin problemas. No sabía cómo iba a hacer, pero iba a cumplir el silencio pedido como fuera.
Ernesto llama a la mina, mientras me baja el jogging y la tanga. Paro mi culito lo más que puedo.
Empieza a hablar con ella. Le pedía que se vaya sacando la ropa.
Yo siento la punta de su verga dura y caliente en mi agujerito.
Le habla de sus tetas, de cómo son, de cómo las desea.
Empiezo a sentir que la pija de Ernesto entra en mi cola.



Mi cabeza vuela. No pienso en gemir.
Le cuenta que le chupa las tetas, una primero, la otra después.
Tengo la pija de Ernesto toda metida. Siento sus huevos peludos sobre mis nalgas.
Le dice que baja con sus besos hacia su pancita. Luego hacia su conchita.
Parece que ella le cuenta cómo está su conchita.
Ernesto empieza a moverse. Me bombea la cola a ritmo lento.
El le cuenta cómo le chupa la concha. Hace ruido con su boca, simulando que se la chupa.
Bombea mi culito con intensidad, casi sin tocarme.
Parece que ella le dice que está por acabar. El le pide que la espere, que él también, le pide que acaben juntos.
Ernesto bombea mi culito a ritmo medio pero enterrándomela bien. Empuja fuerte contra mi cola. No me toca con sus manos. Jadea intensamente. Los jadeos coinciden con los pijazos más profundos.


Parece que ella también jadea mucho.
Ernesto: dale, mi amor, asi, así, que acabamos juntos.
Ernesto sigue con ese ritmo y los pijazos profundos. Se mantiene sin tocarme, lo más lejos posible de mí para no hacer ruido.
Siento que Ernesto está listo para descargar su virilidad dentro de mí. Me siento en el paraíso. Ese hermoso macho, corneándola a su novia conmigo y ella dándole la letra para que coja.
Sus jadeos se multiplican en intensidad y volumen hasta que con un grito desaforado acaba. Termina de largar todo su semen con cuatro pijazos más.
Habla unas palabras más con ella, que también acabó.
Después le dice que se ensució todo, que corta y la llama en unos minutos.
Ernesto corta y saca su pija de mi cola. Deja el forro sobre la mesa al lado de mi cara.
Rodrigo y Mariano lo aplauden.
Rodrigo: sos un campeón, boludo.
Ernesto me saca la toalla de la boca.
Ernesto: que puto culo roto que sos. Cómo te dejaste coger, hijo de puta, maricón.
Ernesto se sienta en la silla
Ernesto: vení y limpiame bien la poronga ahora
Por supuesto, me arrodillé y lo empecé a hacer con mucho entusiasmo.
Ernesto se lleva las manos a la nuca.
Ernesto: escuchame flaco, ¿cómo podés ser tan puto?
Me sonrío. Rodrigo y Mariano me gritan; ¡puto, trolo!
Ernesto se levanta y dice que la va a llamar a la novia. Yo voy al baño



Levante de 3 heteros en la calle (parte 1)


Eran aproximadamente las 5 de la mañana, ya en sábado. Volvía solo, de una fiesta familiar y me encontraba esperando el colectivo. Aún era de noche y no había nadie en la parada. Confieso que en esas horas y en esas circunstancias, muchas veces encontré levante, por lo que me esmero en mirar a todo auto que pase cerca. Estaba vestido con un jogging blanco y una remera roja, lo cual me facilitaba el parecer gay. La calle no era muy transitada y tenía semáforo en la esquina en que yo esperaba.
De pronto para un auto en el semáforo, a unos 5 metros de mí. Los vidrios estaban bajos, la música muy alta y adentro había tres muchachos, que venían gritando y riéndose. Por supuesto, no podía dejar pasar la oportunidad. Miré descaradamente hacia el auto y tiré la cola para afuera.
El que estaba como acompañante me vio y se percató de la situación. Era un pibe de alrededor de 20 años, de pelo negro y tez blanca y parecía menudito. Fijé la mirada en él. Ante la situación, me grita:
- ¡Puto! Qué mirás, la concha de tu madre.
Me sonreí y seguí mirando. Se escuchaba que los otros dos se reían.
El semáforo se puso en verde y se fueron.
Bueno, listo, me dije. Seguí al auto con la mirada.
A las dos cuadras veo que paran (no había semáforo) pero no baja nadie. Habrá sido cerca de un minuto hasta que el auto arrancó de nuevo y dobló a la izquierda. Eso me ilusionó. ¿Volverán por mi?
Fueron unos instantes de ansiedad, hasta que veo que el auto aparece por la calle transversal.
Al cruzar la calle, el mismo que me habló antes, grita desde el auto:
- ¡Puto, vení!
Veo que el auto se detiene unos metros más adelante. Obviamente me acerqué.
El mismo me dice:
- ¡Puto, tengo ganas de chuparle la concha a tu hermana. ¿Me la entregás?
- No tengo hermana –contesté.
El que estaba atrás era un poco más grande (unos 24) y parecía muy sexy. Me dijo:
- ¿No tenés hermana? Entonces, ¿por qué no me chupás la banana? (mientras se agarraba el bulto y me lo mostraba)
- Ah, eso si –dije
El tercero, el conductor, también tendría unos 24 o 25 años, era robusto, con barba candado y se le veía un pecho bastante peludo entre su camisa abierta casi hasta abajo. Se asoma casi por encima del acompañante y me dice:
- Escuchame puto del orto. Queremos una concha ahora. ¿Qué podés hacer al respecto? Si nos conseguís alguna, te dejamos que nos tires la goma.
El pedido me resultaba imposible de satisfacer, aunque hubiera hecho cualquier cosa para lograrlo. Por suerte, había salido con una tanga. Así que aposté todo a ella.
- No, imposible, no puedo conseguir a nadie ahora. Pero tengo esta colita. – me di vuelta, saqué la colita para afuera y me bajé el jogging. Quedó mi culito entangado apuntando a ellos



El acompañante dijo:
- Uy, ¡qué pedazo de puto, boludo!
El conductor me dice:
- Escuchame invertido. ¿Te va que te enfiestemos los tres?
No lo dudé y contesté:
-Sí.
- Subite entonces –me dice el conductor.
Me subo atrás, al lado del tercero y pregunto:
- ¿A dónde vamos?
El conductor se echa hacia atrás y abre la puerta que yo recién había cerrado y me dice:
- Escuchame bien puto de mierda y la concha de tu madre., No queremos que nos hagas ninguna pregunta. ¿Entendiste? Vos sos trolo, ¿no?
- Sí
. Nosotros somos machos, nos cogemos minas, ¿entendés?
- Sí
- Pero te vamos a enfiestar bien, nos vas a hacer gozar bien. Estás para eso, no para hacer preguntas. Si no te gusta, bajate.
No dije nada y cerré la puerta.
Antes de seguir me dijo algo más:
- Somos tres flacos normales, no nos drogamos, la queremos pasar bien. Él se llama Ernesto (señalando al acompañante), él Mariano (el de atrás) y yo Rodrigo. Tu nombre no nos importa. Vos acá sos el puto. ¿Ok?
- Ok.
Debo decir que en ningún momento sentí desconfianza de ellos, así que decidí dejarme llevar por la situación, que prometía y mucho.
Arrancamos.
Mariano: Che, la verdad que yo probaría a ver si el puto éste la mama bien antes de llevarlo
Ernesto: ¿la chupás bien, puto?
Yo: Sí. Muy bien. No lo dudes.
Rodrigo: según dice, los putos la chupan mejor que las minas, ¿no?
Yo: yo digo que sí, espero que dentro de un rato vos lo digas también.
Rodrigo: ¡ojalá! Mi mujer me raspa cuando la chupa, boludo.
Yo: ¿sos casado?
Rodrigo: no preguntes nada!!!!
Mientras, Mariano me agarra la mano y me la hace pasar por su bulto.
Ernesto: che, puto, ¿cuando dejaste la concha y te dedicaste a la pija?
Yo: nunca toqué una concha, papi.
Rodrigo: uy, ¡cómo me lo voy a coger a este puto!
Mariano: ey, el puto me está tocando el bulto.
Ernesto: ¿Ya?
Mariano: sí. ¿Qué pasa, puto? ¿Querés empezar a mamar ahora?
Yo: si, papi
Mariano: bueno, ocupate vos. ¿Qué querés? ¿Qué me baje los pantalones yo?
Le abrí el jean y le saqué la verga que estaba semi-erecta. Era muy blanquita (como él), mediamente peluda. Empecé a chupar con mucha delicadeza y empeño ya que me estaba jugando la continuidad de la noche. Mariano se echó hacia atrás, se puso las manos en la nuca y parecía disfrutar mucho.
Rodrigo: ¿Y? ¿Qué onda?¿Cómo la chupa?
Mariano: Cómo los dioses, boludo.
La pija de Mariano era más o menos estándar, pero muy linda: 17 x 4. Alzo la vista y veo que Mariano me está mirando. Me quedo mirándolo con su verga en mi boca.
Mariano: ¡qué bien que la mamás! Te gusta la pija, ¿no?
Yo hago un gesto de asentimiento.
Mariano (mientras yo lo miraba fijo): Trolo, chupapija. ¿Sos un puto de mierda?
Yo: si, papi
Mariano: dicen que acá adentro hay un puto que se va a dejar empomar bien. ¿Sabés quién es?
Yo: sí, yo.
Ernesto y Rodrigo largaban risotadas.
Ernesto: le gusta la pija como loco al puto éste.
Mariano: yo ya me echo el primero, boludo.
Mariano me acomodó más de costado para que los de adelante pudieran ver. Me agarró de los pelos y me metió la pija de nuevo en la boca y me la empezó a coger. Yo me quedé inmóvil. Ernesto miraba y Rodrigo se daba vuelta cada tanto mientras manejaba.
Mariano: te voy a llenar la boca de leche, trolo.
Ernesto estaba dado vuelta y me miraba:
Ernesto: ¡Cómo chupás pija, puto de mierda! ¿Te vas a comer así la mía, también?
Con un gesto dije que sí.
Mariano empezó a bombearme la boca con más vigor. De repente, agarró su pija con una mano, la sacó de mi boca yla masturbó.
Mariano: abrí la boca que te largo la leche, puto.
Yo le pasaba la lengua por la cabeza.
De golpe, con un grito brutal, lanzó el lechazo en mi cara y boca. Varios chorros humectaron mi cara.
Luego del último chorro, empecé a mamársela con la intención de no dejar una sola gota adentro.
Mariano me apartó y se echó hacia atrás. Estaba exhausto.
Mariano: qué polvo me hizo echar este puto, la puta madre.
Ernesto: estás todo enlechado, puto. Mostrame la leche que tenés en la boca.
Se la mostré.
Ernesto: tomátela, trolo.
Me la tomé.
Ernesto: sacate esa leche que tenés en la cara y tomala.
Hice lo que me dijo.

Ernesto (a Rodrigo, que miraba en todo momento que podía): le vamos a hacer de todo a este puto.
Mariano (gritando): ¡Qué bien que la chupa este puto!
5 minutos después llegamos a una casa.